La pubalgia, también conocida como dolor inguinal del deportista, es una lesión común entre corredores y atletas que realizan movimientos repetitivos y de alta intensidad. Esta condición se caracteriza por un dolor persistente en la región púbica e inguinal, que puede extenderse hacia la parte baja del abdomen o los muslos. Aunque no es una lesión grave en sí misma, puede limitar significativamente el rendimiento deportivo y afectar la calidad de vida del corredor.
El origen de la pubalgia está relacionado con la sobrecarga muscular y los desequilibrios biomecánicos en el complejo lumbopélvico. La sínfisis púbica y los aductores suelen ser las áreas más afectadas. El tratamiento más efectivo para esta condición es conservador, activo y multidisciplinar, centrado en mejorar la fuerza, el control neuromuscular y la gestión gradual de la carga.
El manejo de la pubalgia debe basarse en principios científicos sólidos. Aquí te presentamos los pilares fundamentales que guían la recuperación:
El tratamiento de la pubalgia se estructura en cuatro fases, cada una con objetivos específicos y criterios claros de progresión. Este enfoque permite una recuperación segura y eficiente.
El objetivo principal de esta fase es reducir el dolor y mantener el acondicionamiento general sin irritar la zona afectada. Se recomiendan actividades como marcha, bici estática suave o elíptica, siempre que no aumenten el dolor.
Los ejercicios clave incluyen isométricos de aductores (apretar una balón o toalla entre las rodillas), planchas frontales y laterales, y movilidad activa de cadera dentro del rango cómodo. Los criterios para avanzar a la siguiente fase son: dolor menor o igual a 2/10 en actividades diarias, tolerancia al “squeeze test” y ausencia de reagudización tras las actividades.
En esta fase, el enfoque está en aumentar la capacidad de carga local y mejorar el control lumbopélvico. Se incorporan ejercicios como isométricos pesados de aductores en diferentes ángulos, side plank con aducción y ejercicios de antiextensión y antirotación del core.
La dosificación recomendada es de 2 a 3 sesiones por semana, con 3 a 4 series de 8 a 12 repeticiones o 20 a 30 segundos en ejercicios isométricos. Los criterios para progresar incluyen dolor menor o igual a 2/10 durante o después de la sesión, mejora de la fuerza isométrica y tolerancia a los patrones básicos sin irritación en 24 a 48 horas.
Esta fase busca preparar los aductores para desaceleraciones, cambios de dirección y gestos específicos del deporte. Los ejercicios principales incluyen Copenhagen Adduction (desde apoyo de rodilla hasta pie completo), deslizamientos laterales con fase excéntrica lenta y aducción con polea o banda.
La dosificación recomendada es de 2 a 3 sesiones semanales, progresando cuando el dolor durante la ejecución sea menor o igual a 3/10 y no haya rebrote al día siguiente. Los criterios de progresión incluyen pruebas específicas del deporte a intensidad submáxima sin dolor relevante, simetría de fuerza cercana entre lados y relación aductores/abductores en rango funcional.
El objetivo final es transferir la capacidad ganada a las demandas reales del deporte. En esta fase, se incorporan aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección y tareas específicas como golpeo de balón o drills de cortes. Los juegos reducidos también son útiles, siempre controlando el volumen y la intensidad.
Los criterios de retorno incluyen dolor menor o igual a 2/10 en entrenamientos completos, “squeeze test” sin dolor o mínimamente sintomático, fuerza de aductores comparable al lado sano y capacidad para completar una sesión tipo del deporte sin reagudización en 24 a 48 horas.
Los ejercicios más efectivos para la recuperación de la pubalgia se centran en fortalecer los aductores, el core lumbopélvico y mejorar la movilidad y el control neuromuscular.
Entre los ejercicios más importantes destacan el Copenhagen Adduction en sus diferentes progresiones, los deslizamientos laterales con control excéntrico lento y la aducción en polea o banda con tempo controlado.
Para fortalecer el core, se recomiendan ejercicios como plancha frontal y lateral en progresiones, pallof press, dead bug y antirotaciones con cable. También son útiles el puente de glúteo y el hip thrust, tanto bilateral como unilateral.
La mejora de la movilidad se logra con rotaciones de cadera (CARs), aducción/abducción activas y estiramientos activos de flexores de cadera.
Para la pliometría, se empieza con saltos en el sitio, progresando a saltos multidireccionales, cortes de 45 a 90 grados y tareas específicas con balón o palo.
La organización del entrenamiento varía según la fase de la temporada. Aquí te presentamos dos modelos orientativos:
Para evitar recaídas, es importante identificar los factores de riesgo y tomar medidas preventivas. Mantén el Copenhagen Adduction en temporada con bajo volumen y alta calidad, incluye ejercicios de core y glúteos en el calentamiento y controla los picos de carga en sprints y cambios de dirección.
La pubalgia es una lesión común entre corredores, pero con un tratamiento adecuado, es posible recuperarse y retomar la actividad deportiva. La clave está en seguir un protocolo estructurado que combine fortalecimiento muscular, control neuromuscular y gestión gradual de la carga. Es fundamental evitar el sobreentrenamiento y escuchar las señales del cuerpo para prevenir recaídas.
Si experimentas dolor inguinal persistente, consulta con un fisioterapeuta especializado para recibir un diagnóstico preciso y un plan de rehabilitación personalizado. Con paciencia y disciplina, podrás volver a correr de forma segura y eficiente.
La evidencia científica respalda el enfoque activo y por criterios en el tratamiento de la pubalgia. El fortalecimiento excéntrico de los aductores, especialmente mediante ejercicios como el Copenhagen Adduction, ha demostrado ser eficaz tanto en la prevención como en la rehabilitación. Además, la gestión de la carga y el fortalecimiento del core lumbopélvico son fundamentales para reducir la cizalla púbica y prevenir recurrencias.
El protocolo presentado, basado en consensos internacionales, permite una recuperación gradual y segura, adaptándose a las necesidades individuales de cada paciente. La supervisión por parte de profesionales de la fisioterapia es esencial para garantizar la correcta ejecución de los ejercicios y ajustar el plan según la evolución del paciente. La integración de pruebas funcionales en la fase de retorno asegura un regreso a la actividad deportiva con un riesgo mínimo de recaída.
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